El candelabro, o menorá, fue un elemento central en el diseño del Tabernáculo, revelado por Dios mismo a Moisés en el monte Sinaí. Era de oro puro, con siete brazos, y su elaboración meticulosa simbolizaba la perfección divina. Éxodo 25:31-40 detalla sus ramas, copas, botones y flores, todos martillados de una sola pieza de oro.
Su propósito principal era proporcionar luz constante en el Lugar Santo, el cual no tenía ventanas. Era la única fuente de luz interior, iluminando la mesa de los panes de la proposición y el altar de incienso. Éxodo 27:20-21 nos instruye sobre el aceite puro de olivas machacadas que debía alimentar sus lámparas, asegurando una luz perpetua. Representa la presencia ininterrumpida de Dios y su guía en medio de su pueblo.