El don de lenguas, manifestado por el Espíritu Santo, es una habilidad sobrenatural para hablar en un idioma desconocido para el orador. La Biblia presenta este don de dos maneras principales. En primer lugar, en Hechos 2:4-11, los apóstoles hablaron en otros idiomas humanos que los oyentes extranjeros entendieron, proclamando las maravillas de Dios. Este fue un milagro de comunicación para evangelización.
En segundo lugar, en 1 Corintios 14, Pablo describe lenguas que no son necesariamente idiomas humanos reconocibles, sino lenguajes espirituales o "misterios en el espíritu" (1 Corintios 14:2), que se hablan a Dios y no a los hombres. En este contexto, el que habla en lenguas se edifica a sí mismo, pero sin interpretación, la iglesia no recibe edificación alguna.