La palabra "unción" proviene de términos hebreos como *mashach* y griegos como *chrio*, que significan "untar" o "frotar con aceite". Sin embargo, en la Biblia, trasciende el acto físico para denotar una realidad espiritual profunda: la investidura de poder y la dedicación a un propósito divino por parte de Dios.
No es meramente un ritual externo, sino el sello visible de una operación sobrenatural del Espíritu Santo, que aparta y capacita a personas o cosas para el servicio y la voluntad de Dios. Es la evidencia de que Dios ha puesto Su mano sobre alguien o algo para un fin específico.
En el pacto antiguo, la unción con aceite era una práctica común con un simbolismo potente, señalando la santificación y el empoderamiento divinos.
Unción de Sacerdotes: Dios ordenó la unción de Aarón y sus hijos para consagrarlos al sacerdocio, apartándolos para ministrar en Su presencia. Éxodo 29:7 dice: "Y tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás." Esto los santificaba para su sagrada labor (Levítico 8:12).
Unción de Reyes: Los reyes de Israel eran ungidos como señal de que Dios los había escogido y les otorgaba autoridad para gobernar a Su pueblo. Cuando Samuel ungió a Saúl, "tomó Samuel una redoma de aceite, y la derramó sobre la cabeza de él, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su heredad?" (1 Samuel 10:1). De manera similar, David fue ungido por el Espíritu de Jehová (1 Samuel 16:13).
Unción de Profetas: Aunque no siempre con aceite físico, los profetas eran "ungidos" en el sentido de ser comisionados y capacitados por el Espíritu de Dios para hablar Su palabra, como vemos en el llamado de Elías a Eliseo (1 Reyes 19:16). Isaías 61:1 anticipa al Mesías: "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos."
Unción de Objetos: Incluso el Tabernáculo y sus utensilios eran ungidos para ser santificados y dedicados exclusivamente al servicio del Señor, marcando su uso sagrado (Éxodo 30:26-29).
Con la llegada de Jesucristo, la unción adquiere una dimensión espiritual suprema, manifestándose principalmente a través del Espíritu Santo.
Jesús, el Cristo (Mesías Ungido): La palabra "Cristo" (griego) y "Mesías" (hebreo) significan "El Ungido". Jesús fue ungido no con aceite, sino con el Espíritu Santo sin medida para su ministerio. Lucas 4:18-19 cita a Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres...". Hechos 10:38 testifica: "cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él."
La Unción del Creyente: Por medio de Jesús, los creyentes también reciben una unción, que es el Espíritu Santo mismo. Esta unción nos capacita, nos enseña y nos consagra. 1 Juan 2:20 afirma: "Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas." Y en 1 Juan 2:27: "Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; mas como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él." Esta unción nos distingue como hijos de Dios y nos capacita para discernir la verdad del error.
Unción para Oración y Sanidad: En el Nuevo Testamento, la unción con aceite también se asocia con la oración por los enfermos, como un símbolo de la fe y la acción del Espíritu de Dios para restaurar y sanar. Santiago 5:14 instruye: "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor." Aquí, el aceite es un símbolo de la consagración a Dios y de la fe en Su poder sanador.
La unción bíblica conlleva múltiples propósitos y produce efectos espirituales vitales en la vida de los creyentes.
Consagración y Santificación: La unción aparta a una persona o cosa para el uso exclusivo de Dios, santificándola para Su servicio y voluntad.
Empoderamiento y Capacitación: Provee el poder y la autoridad del Espíritu Santo para cumplir una tarea, un llamado o un ministerio específico, permitiendo obras que trascienden la capacidad humana.
Guía y Revelación Divina: La unción del Espíritu nos capacita para discernir la verdad, entender las Escrituras y recibir la dirección de Dios, protegiéndonos del engaño.
Presencia y Respaldo de Dios: Es una señal inequívoca de la presencia activa de Dios en la vida de una persona, ofreciendo Su protección, favor y provisión.