La analogía de la vasija se expande para mostrar no solo nuestro origen, sino también la diversidad de nuestro contenido y uso. El apóstol Pablo, en Romanos 9:21-23, nos confronta con la soberanía de Dios: "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria?" Aquí se nos presenta la elección y el destino de las vasijas, determinadas por el Alfarero supremo.
Más adelante, en 2 Timoteo 2:20-21, Pablo nos exhorta a la purificación personal: "Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra." Este pasaje subraya nuestra responsabilidad de presentarnos limpios, apartados del pecado, para ser vasijas útiles y santas, llenas de pureza y dedicación a Dios.