Hermanos y hermanas en Cristo, la pregunta de quién es un siervo de Dios en esta época es de vital importancia. No se trata de un título honorífico, sino de una vocación, una respuesta al llamado de Dios. En Filipenses 2:7, leemos: "sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres". Jesús, nuestro Salvador, es el ejemplo supremo del siervo. Él no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28).