En contraste con los tesoros terrenales, Jesús nos llama a acumular tesoros en el cielo (Mateo 6:19-20). Estos tesoros incluyen la justicia, la misericordia, la fe y el amor a Dios y al prójimo. Estos valores eternos, como se refleja en las Bienaventuranzas (Mateo 5:3-12), son inversiones que nos ofrecen una recompensa inagotable. Las acciones que realizamos por amor a Dios, la caridad y la búsqueda de la justicia son tesoros que nadie nos puede quitar.