Hermanos y hermanas, en 1 Corintios 2:1-5, Pablo nos recuerda la humildad con la que presentó el evangelio. No se basó en la elocuencia persuasiva o en la sabiduría humana, sino en la demostración del poder de Dios. "Porque me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (1 Corintios 2:2). Su enfoque no estaba en la brillantez intelectual, sino en la sencilla proclamación de la cruz, la locura para el mundo, pero la sabiduría de Dios para la salvación. Recordemos que "la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a nosotros, que somos salvos, es poder de Dios" (1 Corintios 1:18).