Jesús, en su sabiduría infinita, responde con una analogía poderosa: "¿Pueden acaso los acompañantes del novio estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán" (Mateo 9:15). Él nos muestra que hay un tiempo y una temporada para todo bajo el cielo (Eclesiastés 3:1). El ministerio de Jesús es una época de gozo y celebración, una fiesta espiritual. El ayuno, una práctica de penitencia y humildad, tiene su lugar, pero no durante este tiempo de regocijo espiritual.
Jesús continúa diciendo: "Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque los odres se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los odres. Antes bien, se echa el vino nuevo en odres nuevos, y así se conservan ambos" (Mateo 9:17). Esta es una imagen vívida que ilustra la incompatibilidad entre las viejas tradiciones y el nuevo orden de Dios que Jesús ha traído. El "vino nuevo" representa la nueva enseñanza, la nueva vida, el nuevo pacto que Jesús ofrece. Los "odres viejos" simbolizan las estructuras religiosas y las mentalidades rígidas que se resisten al cambio y a la transformación espiritual que Jesús ofrece.