David, ungido por Samuel (1 Samuel 16:1-13), es un ejemplo impactante. Un joven pastor, elegido por Dios para ser rey de Israel, demostrando que la investidura divina no se limita a la posición social o al estatus. La humildad de David, combinada con su fe, lo preparó para la grandeza a la que Dios lo llamó. Su investidura fue un acto de soberanía divina, revelando que Dios elige a quienes Él quiere, independientemente de sus antecedentes.