Hermanos y hermanas en Cristo, el capítulo 27 de Hechos nos presenta una imagen vívida de la adversidad y, a la vez, de la fidelidad inquebrantable de Dios. Pablo, un apóstol llamado a llevar el evangelio a los confines de la tierra (Hechos 1:8), se encuentra a merced de una violenta tempestad en el mar. Esta tormenta, feroz y prolongada, representa las pruebas y tribulaciones que enfrentamos en nuestro caminar cristiano. Pero, ¿se quedó Dios al margen? Absolutamente no. En medio de la desesperación, la mano de Dios se hacía evidente, aunque de maneras quizás inesperadas.